El Cádiz sigue moviéndose entre despachos, rumores y cuentas de Excel mientras la afición intenta recuperarse psicológicamente de la temporada que acabamos de vivir. Porque sí, el curso terminó oficialmente en lo deportivo el 31 de mayo… pero la sensación de sufrimiento todavía sigue bastante presente por Cádiz. Ahora mismo el club está en esa fase veraniega donde todo son reuniones, llamadas, cafés, filtraciones y frases del tipo “estamos trabajando en silencio”. Que en el fútbol normalmente significa que nadie sabe muy bien qué va a pasar dentro de dos semanas. Lo único claro es que el Cádiz necesita reconstruirse otra vez.
Y claro, cuando toca reconstrucción, toca también mirar quién puede salir para dejar dinero en caja. Porque aquí una cosa está clara: el club necesita cuadrar cuentas, reducir plantilla y, si cae alguna venta interesante, mejor que mejor.
De hecho, el propio Manuel Vizcaíno ya dejó caer hace unos días que hay varios futbolistas que despiertan interés en el mercado.
Lo curioso es que los nombres que mencionó no son precisamente jugadores que hayan hecho una temporada descomunal.
Porque uno escucha la lista y piensa: “Pues igual en otros sitios han visto partidos distintos”.
Los cuatro futbolistas señalados por el presidente fueron Moussa Diakité, Bojan Kovacevic, José Antonio de la Rosa… e incluso Álvaro García Pascual.
Vamos por partes.
Lo de Moussa Diakité es uno de esos casos curiosos del fútbol moderno. Ha tenido partidos donde parecía un centrocampista diferencial y otros donde daba la sensación de que acababa de conocer a sus compañeros en el calentamiento.
Un jugador físico, con presencia, con potencial… pero también tremendamente irregular.
Eso sí, en el mercado actual, con que un futbolista mida más de metro ochenta, corra mucho y tenga margen de mejora, automáticamente aparecen equipos interesados y un vídeo en YouTube con música electrónica de fondo.
Luego está Bojan Kovacevic.
Probablemente el caso más extraño de todos.
Porque antes de lesionarse dejó sensaciones bastante interesantes. De hecho, hubo momentos donde parecía el único central capaz de imponer algo de orden en aquella defensa que muchas veces parecía una reunión de tráfico sin semáforos.
El problema es que regresó lejos de su mejor nivel y terminó el año generando más dudas que certezas.
Aun así, sigue teniendo cartel por edad, físico y proyección.
Y claro, el Cádiz tampoco está precisamente en situación de rechazar una buena oferta si aparece encima de la mesa.
Después aparece José Antonio de la Rosa.
Un futbolista que seguramente representa bastante bien lo que ha sido este Cádiz durante el año: momentos ilusionantes mezclados con una sensación constante de que faltaba algo.
Tiene desborde, velocidad y condiciones interesantes. El problema es que el equipo entero ha funcionado tan mal durante tantos meses que ha sido difícil que casi nadie destacara de verdad.
Aunque siendo honestos, en Segunda División un extremo rápido siempre genera mercado. Aunque luego uno vea las estadísticas y descubra que la “explosión ofensiva” fueron dos goles y media asistencia desde octubre.
Y el cuarto nombre quizá sea el más sorprendente: Álvaro García Pascual.
Porque hablamos de un delantero trabajador, comprometido y peleón. De esos que nunca se esconden.
Ahora bien, si empieza a haber interés serio por él, probablemente sea porque el mercado de delanteros está tan complicado que cualquier atacante joven que corra noventa minutos seguidos ya vale dinero.
Que tampoco es culpa suya, ojo.
El problema es que el Cádiz lleva tanto tiempo buscando un delantero fiable que la afición ya celebra más un control orientado que un gol.
Mientras tanto, el club sigue preparando la próxima temporada.
El equipo arrancará la pretemporada el próximo 6 de julio y volverá a concentrarse en Benalup, en el Fair Play, que ya es casi el lugar oficial donde cada verano se intenta encontrar “la ilusión perdida”.
Allí comenzará otro proyecto nuevo.
Otro más.
Con nuevos fichajes, nuevas promesas y seguramente las mismas frases de siempre:
“Hay buena plantilla”.
“Hay que tener paciencia”.
“El equipo está en construcción”.
“Esto es muy largo”.
Y mientras tanto, el cadismo mirando el calendario, esperando refuerzos… y rezando para que la próxima temporada no vuelva a convertirse en otro curso de supervivencia emocional hasta mayo.