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Temporada 2025-26: del ascenso soñado a una permanencia agónica.
La temporada 2025-26 del Cádiz CF será recordada como una de las más decepcionantes, angustiosas e imprevisibles de los últimos años. Lo que comenzó en verano con el objetivo de regresar a Primera División terminó convirtiéndose en una larga lucha por evitar un descenso que llegó a parecer inevitable durante muchos meses.
Tras perder la categoría la temporada anterior, el club afrontó el nuevo proyecto con la obligación de pelear por los puestos de ascenso. La plantilla fue confeccionada para estar en la zona alta de la clasificación y la ilusión de la afición era enorme. Sin embargo, muy pronto quedó claro que las expectativas y la realidad iban por caminos completamente diferentes.
El equipo fue incapaz de encontrar regularidad desde las primeras jornadas. Los resultados positivos aparecían de forma aislada, pero nunca llegaron a consolidarse. Cada vez que parecía que el Cádiz podía engancharse a la lucha por los puestos de privilegio, llegaba una nueva derrota o una nueva desconexión que devolvía al equipo a la cruda realidad.
La inestabilidad se convirtió en la principal característica del curso. Los cambios de entrenador reflejaron perfectamente el desconcierto que se vivía dentro del club. Ninguno consiguió encontrar una fórmula estable para sacar rendimiento a una plantilla que, sobre el papel, estaba llamada a competir por objetivos mucho más ambiciosos.
A medida que avanzaba la temporada, el problema dejó de ser mirar hacia arriba y pasó a ser observar constantemente el retrovisor. El Cádiz fue cayendo posiciones hasta verse inmerso en una batalla por la permanencia que pocos imaginaban cuando arrancó el campeonato.
Los meses finales fueron especialmente duros para el cadismo. El equipo encadenó resultados muy negativos y convirtió el Nuevo Mirandilla en un escenario irreconocible. Las derrotas se acumulaban, la confianza desaparecía y cada jornada parecía aumentar la sensación de que el descenso podía convertirse en una amenaza muy real.
Hubo partidos que simbolizaron perfectamente la fragilidad del equipo. Como ocurrió en León, donde el Cádiz llegó a tener la victoria en sus manos y terminó dejando escapar dos puntos en el tiempo añadido. O como en casa frente al Deportivo de La Coruña, donde una nueva derrota confirmó que el equipo era incapaz de hacerse fuerte ante su propia afición.
También hubo encuentros en los que el conjunto amarillo sobrevivió gracias al esfuerzo colectivo más que al brillo futbolístico. El empate en Castalia ante el Castellón fue uno de ellos. Un punto conseguido a base de resistencia, sacrificio y sufrimiento que, visto el contexto, acabó teniendo un valor enorme.
Cuando la situación parecía más comprometida apareció la figura de Imanol Idiakez. El técnico logró devolver cierta competitividad a un grupo que parecía haber perdido la fe en sí mismo. No fue una transformación espectacular ni inmediata, pero sí suficiente para mantener vivo al equipo en las jornadas decisivas.
La salvación llegó finalmente en una noche que quedará grabada en la memoria del cadismo. El contundente triunfo por 3-0 frente al Leganés permitió certificar matemáticamente la permanencia y liberó toda la tensión acumulada durante meses. Fue una celebración tan intensa como reveladora: un club que soñaba con ascender celebraba haber evitado el descenso.
Aquel encuentro también dejó uno de los momentos más emotivos de la temporada con la despedida de Álex Fernández. El capitán puso fin a una etapa de casi una década defendiendo la camiseta amarilla y recibió el homenaje de una afición que siempre lo considerará una de las figuras más importantes de la historia reciente del club.
La última jornada, con derrota por 4-1 ante el Racing de Santander, sirvió como resumen perfecto de todo lo ocurrido durante el año. Un Cádiz irregular, vulnerable y muy lejos del nivel esperado, frente a un rival que celebraba el ascenso y el título de campeón. Dos realidades opuestas que reflejaban perfectamente cómo había transcurrido la temporada.
El curso 2025-26 concluyó con el objetivo mínimo cumplido: la permanencia. Sin embargo, los números, las sensaciones y el desarrollo de la competición dejaron claro que el balance está muy lejos de ser positivo. El Cádiz evitó el desastre, pero nunca estuvo cerca de alcanzar las metas con las que comenzó la temporada.
Ahora se abre un nuevo verano de reflexión y decisiones importantes. La afición ha vuelto a demostrar una fidelidad inquebrantable incluso en los momentos más complicados. El reto del club será aprender de los errores cometidos y construir un proyecto capaz de devolver la ilusión a una hinchada que merece mucho más de lo que ha tenido que sufrir durante esta campaña.
Porque la permanencia se consiguió. Pero nadie en el cadismo quiere volver a vivir una temporada como esta.
Las notas de la temporada 2025-26.
Terminada la temporada, llega el momento de poner nota a los protagonistas del curso en el Cádiz CF. Una campaña marcada por la irregularidad, los cambios constantes, las lesiones y la lucha por alcanzar los objetivos. Estas son las valoraciones finales de todos los jugadores que han tenido participación durante la temporada.
David Gil (7): Fue el portero más fiable del equipo durante buena parte de la temporada. En numerosos partidos sostuvo al Cádiz con intervenciones decisivas y, aunque tuvo algún error puntual, sus actuaciones evitaron derrotas más abultadas. Terminó siendo uno de los futbolistas más regulares de la plantilla.
Víctor Aznar (6): Alternó partidos muy destacados con otros más discretos. Tuvo tardes donde sostuvo al equipo prácticamente en solitario, pero también algunas actuaciones donde dejó dudas. Aun así, acabó ofreciendo un rendimiento más que aceptable.
Pelayo Fernández (7): Su crecimiento durante la temporada fue evidente. Pasó de sufrir en algunos encuentros a convertirse en uno de los defensores más fiables del equipo. Además, dejó actuaciones sobresalientes y algún gol importante. De las notas más altas del curso.
Juan Díaz (5): Le tocó debutar en momentos complicados y cumplió con dignidad. La falta de experiencia se notó en algunos partidos, pero nunca se escondió y dejó una imagen correcta para su edad.
Iker Recio (4): Empezó transmitiendo más seguridad de la que mostró en el tramo final. La temporada fue claramente de más a menos y acabó acumulando demasiados partidos con dudas e inseguridad.
Jorge Moreno (4): Alternó actuaciones solventes con errores importantes que terminaron costando goles o puntos. No logró asentarse como una garantía atrás.
Kovacevic (3): Las lesiones y la falta de continuidad le penalizaron mucho. Cuando regresó nunca terminó de recuperar su mejor nivel y acabó acumulando más actuaciones negativas que positivas.
Sergio Arribas (5): Le tocó jugar muchas veces fuera de posición. Cumplió en algunos encuentros importantes y mostró compromiso, aunque las circunstancias tampoco le permitieron brillar.
Raúl Pereira (4): Mucha voluntad y trabajo, pero sufrió bastante en varios encuentros defensivamente. Le costó dar el salto competitivo que requería la categoría.
Mario Climent (4): Tuvo partidos donde aportó profundidad y otros donde quedó muy señalado. La expulsión en uno de los encuentros importantes y varios errores le restan valoración final.
Iza Carcelén (4): Una temporada muy irregular. Alternó actuaciones aceptables con errores graves que terminaron condicionando partidos. Muy lejos del mejor Iza de temporadas anteriores.
Caicedo (3): Le costó muchísimo adaptarse cuando tuvo oportunidades. Acumuló demasiados encuentros complicados y nunca terminó de ofrecer la seguridad necesaria.
Joaquín González (7): Una de las notas más altas de la temporada. Cuando apareció en el equipo aportó equilibrio, trabajo, criterio y además goles importantes. Terminó siendo de los jugadores más fiables.
Kouamé (5): Regresó en Diciembre de su cesión y cuando jugó aportó equilibrio, intensidad y personalidad en el centro del campo.
Álex Fernández (6): Su papel fue distinto al de otros años, pero siguió ofreciendo experiencia y liderazgo. No fue una temporada brillante, pero sí digna para un futbolista que terminó siendo importante dentro y fuera del campo.
Moussa Diakité (4): Una temporada muy irregular. Tuvo partidos realmente buenos donde dominó el centro del campo y otros donde fue claramente superado. Terminó dejando sensaciones contradictorias.
Sergio Ortuño (4): Le costó tener continuidad en su rendimiento. Demasiados partidos discretos para un jugador llamado a aportar más peso en la medular.
Yussi Diarra (4): Empezó dejando detalles interesantes e incluso algún gol importante, pero desapareció demasiado durante muchos encuentros.
Antoñito Cordero (8): El mejor jugador de la temporada. Fue el futbolista más desequilibrante, el que más peligro generó y uno de los pocos capaces de cambiar partidos por sí solo. Terminó el curso siendo la principal referencia ofensiva.
Suso (4): Las lesiones y la falta de ritmo le condicionaron enormemente. Aun así, cada vez que estuvo bien físicamente dejó claro que era uno de los jugadores con más calidad de la plantilla.
Brian Ocampo (3): La definición perfecta de la irregularidad. Capaz de marcar diferencias en algunos encuentros y desaparecer completamente en otros. Terminó dejando la sensación de haber podido dar mucho más.
De la Rosa (4): Trabajo, sacrificio y compromiso nunca le faltaron. Sin embargo, le costó traducir ese esfuerzo en números o actuaciones decisivas.
Lucas Pérez (4): Llegó tarde a la temporada, pero dejó momentos de calidad y jerarquía. Físicamente lejos de su mejor versión, aunque mostró detalles de futbolista diferente.
Dómina (3): Participación limitada y poca influencia real en el juego. Necesita más tiempo para demostrar su verdadero nivel.
Álvaro García Pascual (5): Probablemente el delantero más regular del equipo. Peleó absolutamente todo, marcó goles importantes y fue una referencia constante en ataque. Su trabajo muchas veces fue más allá de las estadísticas.
Dawda Camara (3): Tuvo momentos interesantes y dejó goles importantes, pero también errores de definición que costaron puntos. Temporada de aprendizaje con luces y sombras.
Roger Martí (2): Muy lejos del delantero determinante que necesitaba el equipo. Los goles llegaron con cuentagotas y le costó tener peso real en los partidos.
Ontiveros (0): Con más pena que gloria, temporada para olvidar y que el club se replantee muy en serio la continuidad del jugador a pesar de tener contrato en vigor.
Pablo Arana (s.c.): Debutó en la última jornada y apenas tuvo minutos para ser evaluado. No hay base suficiente para darle una nota real de temporada.
Si hay tres nombres propios que sobresalen por encima del resto son los de Antoñito Cordero, Pelayo Fernández y Joaquín González. El extremo gaditano ha sido el futbolista más determinante del equipo, mientras que Pelayo completó una evolución notable hasta convertirse en uno de los pilares defensivos. Joaquín, por su parte, aportó equilibrio, trabajo y rendimiento cada vez que tuvo protagonismo.
En el apartado de las decepciones, las lesiones, la irregularidad y la falta de continuidad marcaron el rendimiento de varios futbolistas llamados a tener un papel más importante durante la temporada. Una realidad que explica en buena medida los altibajos que ha sufrido el Cádiz a lo largo del curso.
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